domingo, 22 de diciembre de 2013

"Tan rápida como el resentimiento que siente en sus pulmones quien se siente abandonado."

Iban ya varios días sin noticias tuyas,
algo te había pasado.
Las personas no se vuelven locas porque sí.
Y no digo que tú te hubieras vuelto loca
ya lo estabas, por eso te seguí y te sigo hasta el final.
Pero esta vez era distinto.

Te encontré al lado del río
eras furia y lágrimas,
impotencia y restos
rompiendo con fuerza todas las promesas
que el mundo te había hecho,
 incluidas las mías.
Tu corazón traicionado
se había declarado en huelga
y había empezado su propia revolución
arrastrándote hasta el paroxismo
que te llevará a la catarsis.
Y yo te entiendo, joder,
te entiendo y me uno a esa lucha.

Estabas tan guapa con el vestido roto
y con esa cara de haber estado días sin pasar por casa.
Hubo un tiempo en el que dudaste
sobre hasta si tenias casa
por eso no te cuesta mucho escapar.
.
Te ayudo a quitarte las cuerdas que han intentado echarte,
me contagio de tu furia contra el mundo
y te ayudo a reventarlo todo contra el suelo
hasta calmarte.
Te ríes,
haciéndome mas bonito de los regalos
y te quedas.
Te quedas junto a mí
Como no lo has hecho con nadie.

sábado, 21 de diciembre de 2013

La peor parte de ti

Hoy no soy yo la chica a la que sacas a bailar,
hoy no vas a venir hasta la puerta de mi casa,
no vas a tocar el timbre con timidez,
y no vas a decir "baja".
Para a partir de ahí
hacer un pacto con la noche
y que nadie nos moleste.
Olvidar el puto al rededor,
y centrarnos sólo en nuestros dedos.
Hoy no vamos a eclipsar a la luna
que se mostraba tímida
cada vez que nos veía
salir a besarnos.

Hoy no, joder,
hoy no soy yo esa chica.
No sé por qué no has venido a rescatarme
supongo que porque no te lo he pedido.
No sabía que lo necesitara
hasta hace cuatro versos
y tres lágrimas.
Y ahora aquí no me tienes,
 recorro la casa,
debatiéndome las dudas
sin llegar a ningún acuerdo
con la incertidumbre que llevo por bandera
desde hace muchos meses ya
que me está carcomiendo,
engañando con pequeñas dosis de éxtasis esporádico
que no logro entender,
y que me dejan baldada.

Está bien que estés con ella
al fin y al cabo,
tengo que reconocer
que la peor parte de ti
era yo.

martes, 17 de diciembre de 2013

No prometo nada

Yo no te puedo prometer nada, amor.
Ya vienes manchado de muchas promesas
que salpicaban al romperse.
No te voy a romper,
no creo que necesites más cristales
que dicen ser eternos
pero se hacen añicos
a una mínima subida de temperatura.

Espero que no esperes
que te jure nada,
y que te fíes de cada beso que te de
por eso que dicen de que los actos demuestran más.

Escucha lo que te dicen mis versos
y mira la cara de idiota que se me queda
cuando entras en la habitación en la que estoy,
y me doy la vuelta para que no descubras
que estoy sonriendo sólo porque has venido.

Mira a ver que te dice eso.
Pero ahora no esperes más
de este barco naufragado
que se ha convertido en isla
y te deja ser su habitante.

Es verdad lo que ves,
estoy cosida por todos los lados,
a veces se me sueltan los hilos
y me tengo que lamer las heridas.
Pero cuando sonrío no se nota
y ya has visto que sonrío mucho.

¿Qué te voy a decir?
Soy una isla hablando con el mar,
eres el mar rodeando a una isla.
¿Qué haces?

lunes, 16 de diciembre de 2013

Dualidad. Se atormenta una vecina y tú sales a bailar.

Se atormenta una vecina,
es domingo por la noche y tú sigues perdida.
No dejan de ponerte trampas,
y no dejas de caer en ellas.
A veces te divierten,
pero cuando de verdad llegas a casa,
te cansan.
Sobre todo cuando es domingo por la noche
y sólo te han llamado tus preguntas
exigiéndote respuestas.
"No pasa nada, ten paciencia" te dices,
mientras espiras los últimos centímetros cúbicos de entereza.
Ya no te quedan vías de escape por las que saltar
que en el fondo también son trampas,
las que tú misma te pones.
Se atormenta una vecina,
te ríes y escuchas que es mentira,
que tu vecina está follando
y la que te atormentas eres tú,
Suelo ser amiga de los domingos,
pero tus dudas me han ahogado éste.
Es la hora de la sentencia
y te has vuelto a condenar.
Venga no pasa nada,
mañana es lunes
y podrás demostrarle a la vida una vez más
que puedes bailar tangos en el tejado
con un vestido rojo.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Ahora sí,
ahora que nos alejamos de verdad,
ahora que no queda nada que decir,
ni si quiera ganas.
Ahora es cuando empiezan a doler los corazones.
Bombas de autocombustión en el pecho.
Almas sangrando:
"ésto no era lo que tenía que pasar."
Ojos incapaces de levantar la mirada.
Rostros rotos al decir adiós.

Creo que me estoy auto castigando por no haber sabido usar el amor.
Sí, tiene que ser eso. Estoy pagando las facturas del olvido y de haber destrozado los bienes privados de la ilusión. Y es justo, creo.
El amor no es vulgar, no se merecía ese final. No me merecía tenerlo después de haberlo roto de esa manera, con estas manos de asesina emocional.
Puede que yo no cargara la pistola, pero apreté el gatillo. Y ahora cumplo condena. Al menos, encuentro algo de justicia en mí. Aunque, ¿por cuánto tiempo? ¿Hasta cuando éste ascetismo? ¿Cuándo podré alcanzar la redención y perder el miedo? ¿Qué hacer con la insustancialidad que a veces me arrincona?
De nada puedo estar segura con esta niebla unamuniana en la cabeza que se pronuncia cada vez que intento sacar conclusiones sobre esto.
Sólo sé, es una intuición palpable, que el castigo no se concreta aquí. Se me prepara algo más, algo que me va a atravesar el pecho, va a hurgar en él, y cuando más me duela, cuando esas frías manos clavadas lleven tiempo rebuscando en mis adentros y no pueda más, será cuando reviva.

Ojalá no me hubieras dejado, dejarte.

A veces, cuando algo por lo que hemos estado luchando termina mal, no podemos evitar pensar que hubiera pasado si hubiéramos ganado. No recuerdo como se llama eso, pero sé que existe.
Esta noche no puedo evitar pensar en cómo se nos murieron las ganas en el mejor momento.

Ojalá me hubieras amarrado a ti,
cuando nos avisaron de que se avecinaba un huracán.
Ojalá no hubieras dejado al viento
arrastrarme hacia el vacío,
ya que por más que se lo pido,
ahora éste no me absuelve.

Ojalá no se hubiera empezado a pudrir mi corazón.
Y ojalá no tuviese esta puta manía
de destrozar todo lo que me hace ilusión,
por miedo a que me duela.
O de destrozar algo cuando veo que se está rompiendo,
en vez de intentar arreglarlo.

Ojalá no me hubieras dejado tanto tiempo sola
y nunca me hubiera acostumbrado a la oscuridad de la noche.
Porque la conversación con el espejo
puede estar bien,
pero a veces no es compatible con la cordura.

Recuerdo que solías adivinarme el pensamiento,
ojalá no hubieras dejado de hacerlo,
o al menos, de preguntar por ello.

Ojalá no me hubiera acostumbrado a llorar
y no me hubieran impuesto la jodida rutina
de tener que estar echándote siempre de menos.
Ojalá no hubiera tenido que hacerme fuerte contra eso.

Ojalá me hubieras agarrado de brazo
cuando quise huir poniendo excusas baratas.
Ojalá no hubieras dejado de besarme.

Ojalá no me gustase tanto eso de usar armaduras
al mínimo salto de alarma.
Ojalá no se hubiera roto la alarma de tanto sonar.

Ojalá no se hubiera jodido,
ojalá siguiésemos siendo uno.

Ojalá yo no me congelase tan fácilmente,
ojalá tú no me hubieras retirado tu manta.

Ojalá no me hubieran infundado nunca este miedo que no me pertenecía.

Ojalá no me hubieras dejado, dejarte.