viernes, 3 de noviembre de 2017

Hija del mal

"Duele nacer cuando ni lo habías pedido por tu cumpleaños,
ni lo mereces como castigo."

¿Qué tienes dentro?

Sólo es inseguridad,
la que me inocularon al ver como me mordían los que me besaron nada más nacer.

Sólo es odio,
al ver los cortes que me hice cada vez que quise tener un hogar.

Sólo es desconfianza
porque a veces tengo que esquivar piedras que me tiran los que me parieron.

Sólo es derrotismo
al ver que hagamos lo que hagamos la injusticia siempre va a ir un paso por delante.

Sólo son esporádicas ganas de morir
porque el señor dedos torcidos tenía razón y aquí ya no vamos a encontrar nada bueno.

Sólo es miedo
ante la posibilidad de que algún día pueda conseguir reunir el valor justo para arrancarme los ojos.

jueves, 21 de julio de 2016

Han pasado veintitrés años y aún me duele haber nacido

¿A ti qué coño voy a contarte si tú nunca has podido contarle nada a nadie?

Primero no pedí nacer,
luego tampoco pedí tener esta sensibilidad de mierda con la que al principio me dolía todo.
Después no pedí que los responsables de mi vida fueran: uno negligente y otra indulgente.
No pedí que cuando todavía era una niña usaseis mi cuerpo como escudo en vuestra masacre.
Tampoco pedí que me limpiaseis después con alcohol y lágrimas.
No pedí estar en medio de vuestra guerra, ni que me clavaseis tenedores en los ojos cuando la bomba estalló y se llevó mis brazos.
No pedí que me ignoraseis cuando decidí hundirme en el pozo que vosotros mismos habíais cavado.
No pedí llenarme de complejos que nunca me intentasteis quitar.
No pedí no tener ninguna base, ni caerme ante cualquier cosa por esta sensación de desprotección continua.
No pedí estas marcas en las muñecas.
Tampoco os pedí ayuda aunque pensé en hacerlo, pero ¿para qué? si este desorden mental se había gestado bajo vuestro techo y lo habíais dado de comer.
No pedí sentirme la más pequeña del mundo a vuestro lado, ni al de todos.

Sí recé cada noche a un Dios que sabía que no existía para que tú, especialmente tú, que después de la explosión decidiste desaparecer, volvieras a conocerme y a abrazarme.

No pedí auxilio cuando decidí ponerme una bolsa en la cabeza porque tampoco pedí nunca estar aquí.

La paja en el ojo ajeno siempre, no vaya a ser que tengamos que arreglar algo.

Me hace gracia tener que oírte criticar a esa familia que tiene tres hijos, cuatro perros adoptados y otros no sé cuantos de acogida porque según tú no pueden tener tiempo para todo y no es ni lógico, ni normal dar cobijo a tantos animales abandonados; cuando tú fácilmente tuviste una hija y la empezaste a hacer un poco de caso sobre los diecisiete años y te piensas que eres un buen padre por llamar una vez a la semana y verla una vez al mes si llega.

La puta rehostia de gracioso, oye.

jueves, 14 de julio de 2016

Ingenua

Como el día que dijiste que después de ese golpe tan fuerte ya no te dolería ninguno más.

Como el día que supiste lo que es la indefensión aprendida.

Como el día que al mirarte las secuelas concluiste que, a veces, luchar es demasiado caro.

Como el día que pensaste que ya estabas recuperada y fuerte.

Como el día que creíste que la felicidad había venido para quedarse.

Como el día que conociste a la estabilidad y te enamoraste de ella, pero ella de ti no.

Como el día que soñaste que ya nunca más ibas a estar triste.

sábado, 7 de mayo de 2016

Inconexiones

Iba a escribir algo pero luego he recordado que llevo todo el día entrando y saliendo de la jaula.
¿Por qué os empeñáis en meter pájaros en jaulas?
Yo no soy un pájaro pero tampoco me gusta estar así. Disfrazáis las cárceles con sentimientos.
Hay pájaros con personas en sus cabezas.

Yo partiéndome el pecho para salvarte el culo y tú tirándome piedras.
Hay preguntas a las que contesto mil veces y respuestas que nadie quiere y que están deseando salir.
¿A ti que te conmueve?
Tengo tantos tipos de letra como estados de ánimo, y mis apuntes de este último mes parecen haber sido copiados por mil tipos diferentes. En otro orden de cosas, se me está olvidando escribir.

"Sólo tú eres capaz de entender por lo que estás pasando".
En mi cráneo flotan peces y tú jugaste a cazarlos.
¿Qué coño sabes de mis crisis? Si tú nunca has visto autodestruirse a las personas que te tenían que proteger.
No nos autocompadecemos pero es que no nos quisieron dar una base a la que aferrarnos cuando todo es un puto caos.
¿Quién te ha quitado los mecanismos que nunca te quisieron enseñar para enfrentarte?
Menos mal que somos expertos en crisis.

¿Se ha acabado el mundo ya?
¿Qué pretendo encontrar internándome en el viento?
No eres tú, mundo,
soy yo, que a veces no te aguanto.


Han pasado tantas cosas últimamente que no me acuerdo de ninguna.

domingo, 10 de enero de 2016

Desgaste



Así que por favor, tengan paciencia conmigo que yo  no puedo tenerla con nada.
¿Y tú qué coño sabes de mis crisis? Mi mente es una patera que no encuentra tierra, de vez en cuando encuentro una isla o me aíslo yo, más hundimiento.
Todos los días cometo errores que al día siguiente me gustaría poder rectificar, nadie sabe lo agotador que es eso. No estar contenta conmigo, ni con nada. Y cada vez son peores.
Hay brazos que me abrazan y estrangulan según el día. Hay amigos que no entienden y  no preguntan. Me duele un poco que no me cueste nada decir adiós. Toma contradicción, toma yo últimamente.
¿Qué lees? He pensado las cosas más extremas del mundo en el mismo mes, y con las dos estaba completamente segura. Me incendio, cómo si sirviera para algo. Somos un país violado que llama por las noches a su verdugo para que vuelva. A veces el dedo pequeño intenta defenderse pero es frenado. Resucitas fantasmas como si no me hubiese costado enterrarles. Me escondo en asuntos secundarios como si no fuera capaz de encarar a los importantes.
A veces parece que voy a explotar y al final sólo trago saliva.
Soy una mecha encendida en un sitio en el que no quiero estar, y me apago, y me encienden, y me apago, y me desgasto sin hacer nada.
Me escondo y lloro y me incendio y me rompo y me apagas.
A veces veo campos de tulipanes ante mí y sólo sé quemarlos.
Alejandra y Mónica han roto, igual que mis padres, igual que yo.
Espero lo peor de la gente mientras tú les regalas tu vida.
Yo no estoy aquí, estoy en ese lugar del que has oído hablar y que tanto te espanta, estoy en el sitio del que te hablé el día en que nos conocimos. Que no, que no hay tanta guerra, pero reconozcámoslo, no estoy bien.
Me gustaría que vinieras conmigo cuando no voy a ningún sitio. Podría luchar contra todo pero es que este desencuentro no me deja. Ojalá pudiérais ayudarme sin matarme.
Que triste es ser feliz y no saberlo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Pobre del que no tenga nada roto en su vida

Reconozco que por mucho que me haya quejado, llorado, armado, desesperado, quemado o herido; el que las circunstancias me hayan educado a base de hostia limpia es una de las mejores cosas que me ha podido pasar.
Que yo he llegado a ser muy pringada y pensaba que la vida iba a ser lo que yo quería cuando yo quería, quedándome en la superficie de todo, sin conocer lo mágico aunque doliera. Sin salir de mi puta caverna de conversaciones sin sustancia, fiestas y películas de mierdamor cursis.
Joder, seguramente viviría con los ojos vendados y estaría perdida, o peor, vacía, sin tener ni puta idea de como afrontar adversidades, o sería una cobarde que esconde la cabeza ante ellas como otros tantos, yo que sé.
Pero me veo más guapa con cicatrices, me gusto más con esta mirada rota y desafiante que lucha por conservar algún gramito de inocencia sin dejar de tener las cosas claras.

Me gusta esto de las pistolas y las flores. Enfrentarme a cosas y que en vez de la de agobiarme, la primera sensación que se me venga encima, sea la de ponerme cachonda al agarrar el toro por los cuernos y ponerme a cavilar sobre la mejor manera de solucionarlo.

Que ser un caos no es tan malo si tienes claro que cuando suene tu canción favorita vas a ignorarlo todo y salir a bailar como mejor te has enseñado.

Joder, ¿cómo me iba a perder ese puro placer que supone el estar debatiendo conmigo misma, arrinconándome y llevándome a salidas que dibujan mirillas en mi raciocinio?
Que si no fuera por esta introspección vital, ¿qué coño hubiera sido de mí y de mi bolígrafo?
¿Cómo me iba a perder esto? Una vida sin tener una puta conversación con Nietzche o con Kierkegaard.
¡Sin toda esta pasión por la vida!

Sin el resonar de las cuerdas de una guitarra alborotando constantemente mi cabeza.
Sin la poesía grabada en mi piel como bote de emergencia ante cualquier naufragio o en otros casos, como los fuegos artificiales de la fiesta constante que hago por la vida y por ti.
Sin las noches maldiciendo borracha de bohemia con Rimbaud, sin su barco, o sin las flores malditas de Baudelaire.
Sin la hoguera ardiendo dentro, iluminándome el sueño de la razón y todos sus monstruos y criaturas mágicas.
Sin esta mirada de loba con intermitente necesidad de salir las noches de luna llena a aullarle al mundo.
Sin estas ganas de sentir la vida en lo más profundo de mi piel, de enamorarme de ella y de cantar en lo alto de un balcón con el amor de la mano.

Que yo soy más de vestido roto, de cuerdas rotas, de cabeza rota, de corazón roto, de familia rota, de creatividad rota, pero de canciones que suenen alto, de constante revolución a flor de piel, y de sueños siempre enteros y vivos,
 y con eso soy feliz,
y con eso, sonrío.

miércoles, 22 de julio de 2015

Autoengaño 3225

Decides quedarte a pesar de que al mínimo síntoma de ahogamiento, enciendo una cerilla y quemo la casa.
Decides quedarte a pesar de que soy especialista en destrozar todas las rosas de papel que estuve haciendo desde el martes, en menos de un minuto.
Te la juegas, decides quedarte y enseñarme a apagar el fuego antes de huir. Decides quedarte conmigo. ¿Qué habrás visto?
Decides quedarte y al mirarte algo cambia. ¿Será esa absurda idea de que a tu lado puedo ser mejor persona?
Eres tan valiente que me da miedo, pero decides quedarte
y yo, decido bajar el arma por primera vez.

jueves, 11 de junio de 2015

Me compraba chocolatinas a mí sola y cuando venían los primos a vernos las escondía para que no se las comieran


Luego ellos se iban y yo me quedaba.
He vivido con ella toda la vida,
y aunque ya no pueda, lo sigo haciendo.



Aquel junio se hizo hielo y se pararon nuestros corazones.
La primavera tuvo manos de invierno
que jugaban a acariciarnos el alma
y se nos resquebrajó el pecho ese doce que te fuiste.
Lloró hasta el sol, que siempre sonríe.
Y todo se pintó desgana y vacío.
Las margaritas decidieron irse entre tus dedos
 y a partir de ese día ya no hubo más primavera,
ni verano, ni estación donde quedarse a esperarte.
Sólo frío, impotencia
y ojos hinchados.


No sé como es tener un hijo, pero lo que hice contigo supongo que se le parece y por eso, supongo que te quise como tal. Y cuando te fuiste, fue ese motivo por el que supongo que me dolió tanto, y por el que no he dejado de sentir este dolor cortante.

Si hablo de todo lo que aprendí gracias a ti no podría llegar a contarlo todo, pero me quedo con
lo que mi madre tuvo la oportunidad de enseñarme sobre lo bonitos que podían llegar a ser los seres humanos cuando aprendí de ella a cuidarte con mimo.
Que no he tenido hijos, pero te he cambiado de pañal varias veces al día,
te he cogido con mis brazos sujetándote fuerte cuando tus piernas no respondían mientras mi madre te aseaba.
Te he despertado y cambiado de ropa, te he puesto el pijama,
 te he llevado de un lado a otro de la casa cuando no podías, he paseado contigo cuando sí podías.
Te he hecho la comida, te he dado las uvas de nochevieja y los caramelos de café que siempre tenías en casa, y los dulces por tu cumpleaños.
Te he dado de comer con una cuchara tus últimos purés, y con ayuda de una jeringuilla cuando ya no entendías lo de la cuchara.
He ido en la parte delantera de una ambulancia, he pasado noches riéndome con cómo gritabas a los médicos en el hospital. Eres la persona que más me ha asustado con sus desmayos.
 He llorado tus heridas cuando creía que no se podían curar pero mi madre con paciencia lo hacía, y las terminábamos venciendo (malditas escaras) y finalmente he hecho una fiesta por cada herida cerrada.
 He llorado delante de ti y te he abrazado, y me has calmado aún sin darte cuenta.
Te he bailado y cantado tus canciones preferidas, las que me enseñaste, y me has sonreído.
He intentado entenderte todas esas veces que se te cruzaban las palabras. Y te he intentado hacer reír con tu viejo chiste de '¿Qué le dice la sartén al cazo?'
Sacabas fuerza que ni yo sabía que tenía cuando te caías, estábamos solas y creía que no iba a poder levantarte.
Te he quitado mocos, te he dado jarabes, medicinas y risketos. Te encantaban los risketos.

Te he cantado tu canción cada noche esperando que te durmieras con una sonrisa.
Y joder, daría lo que hiciera falta por poder seguir haciéndolo, aunque ya no reconocieras ni mi voz.
Viví casi toda mi vida a tu lado y cuidarte es lo mejor que me ha pasado.
Y ahora 7 meses después de tener que creérmelo porque vi un maldito "exitus" firmado por la médica en ese papel: estoy perdida, sigo perdida desde que te fuiste, muy perdida.

Toma abuela, coge años de mi vida, pero no te vayas todavía.
Que yo sin ti no sé, no sé estar, no sé ir, no sé ser.

No sabes el tesoro que podía llegar a suponer el oírte reír cualquier día, o el verte sonreír al decir cualquier tontería.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Estabas viviendo un momentazo, te lo leí en la cara.

"No es que pierda la cabeza por él, 
es que desde que ha venido 
no dejo de encontrar razones 
para querer volver a casa."

Me descoloca, me rompe esquemas, tira mis muros, me hace bailar bajo la lluvia, hace que sienta unas irrefrenables ganas de gritar "te quiero" en todos los pasos de cebra,  y lo grito.
Me desduda, mete mano a mis miedos y se los folla, y me hace volar con los pies en el suelo, saltar, abrir los ojos y aullar de alegría en mitad de la calle.
Me encierra en un estado de euforia totalmente nuevo, destroza mis viejos prejuicios y mi manía de querer vivir en una armadura oxidada.
Me pervierte, me enseña, me mata de risa unas cinco veces al día y me resucita con un beso.
La valentía se hace dueña de mi vida cuando baja su mano paseándose por mi cuerpo despacito.

Y encima, lo mejor de todo es que se encarga de hacerme saber en todo momento que él está pasando por lo mismo.

lunes, 20 de abril de 2015

Sobre el imperio del sol y sobre cómo hiciste amanecer mi vida

Tu voz fue lo primero que me llegó de ti. Escuché tu voz y estabas tan cerca sin saberlo. Quise ver más, me sedujo tu hambre de cultura y tu interés con el mundo, lo que podía aprender de ti.

Abril, y te veo desprendiendo calor en una fría mañana vallisoletana. Me he enamorado de ti tantas veces... probablemente la primera fue cuando pronunciaste mi nombre aquel día. Me enamoré de ti cuando me mirabas, y yo muerta de timidez agachaba la cabeza y sonreía.
Hablabas de películas y recuerdo que quise verlas todas y hablarte de ellas y de lo guapo que estabas temblando en aquella mesa sin saber a donde mirar.
Erais tres pero estabas sólo tú,
de repente todos desaparecieron,
hasta el público.

Una o dos excusas tontas y nervios al hablar contigo, pero la primavera era turbia y los meses se encargaron de borrarnos los mensajes pendientes.

Herman Hesse y la curiosidad por saber de ti se conchabaron en verano para hacernos volver a sonreír.
"Y qué te pareció esto. Mi vida va así, tú qué haces con la tuya."
Hablar y hablar, no recuerdo bien de qué pero quería verte y que me acompañases a dar uno de mis paseos reflexivos de las dos de la mañana.

"Hola. Ya estoy aquí. Mira mis cicatrices, a ver las tuyas. ¿Te asustan?
 ¿Qué es lo peor que te ha pasado en la vida? ¿Eres feliz?"
Y esas cosas que no se hablan en una primera cita pero que nosotros sí. "Primera cita" cómo odiaba que lo llamases cita. Cita suena a amor y mi cabeza rota se empeñaba en reprimir sentimientos y en ser sólo tu amiga. También hablamos de sueños.

"¿Qué haces intentando besarme si no me conoces de nada?"

[...]

"¿Sabes? Me llamó la atención que dijiste <si no me conoces> en lugar de <si no te conozco>
es como si me estuvieras protegiendo."

"No me conoces. Estoy rota, léeme."

Te quisiste sumergir en mi mundo y dejarme conocer el tuyo. Las heridas, el pasado y los miedos empezaron querer huir.
Las ganas de vernos gobernaron el verano pero aún me quedaban restos de miedo en la boca, que empezaste a limpiar a base de besos y de "quiero seguir conociéndote"

Joder, si hasta la música se puso de nuestra parte y quiso poner banda sonora a las ganas. Las noches, los encuentros después del trabajo, los lugares ocultos de la ciudad y el cine al aire libre nos dieron la mano.

Recuerdo como me enganché a ti desde que me besaste por primera vez, me quitaste cinco años de condena al sentirte tan cerca. Y otra vez me enamoré de ti sin querer reconocerlo.

Un día mi ropa no supo donde meterse, las ganas de tirarte al suelo derrotaron a mi prudencia, y te quise con mis manos, con mi cuerpo, te quise encima y me sentí querida mirándote desde abajo.

Y deseé dormir a tu lado porque el "te conozco de siempre y llegaste hace un rato" me hacían correr alocadamente hacia tus brazos, como un niño buscando las piernas de su madre al salir del colegio.

Me asusté un poco pero seguía queriendo verte, y tú seguías peleando por que ésto pudiera funcionar.

Te quiero conscientemente por primera vez con ese abrazo en mi portal en el que por nada del mundo me hubiera soltado. Siento toda la seguridad y confianza que me transmites y quiero quedarme, quiero hacerlo.

No me atrevo a quererte en voz alta y reinvento el significado de una palabra para hacerte saber que te quiero, pero que no me atrevo a decirlo.

Suricato.

Me dura dos días, y hasta el momento no he parado de repetirte ni un día las ganas con las que te quiero.

Quiero estar contigo y me subo a un balcón y lo grito. Lo digo en la calle mientras te miro y sonrío. Se lo digo en bajito a dos señoras que pasean, y no nos caben en el cuerpo las ganas de querer dárnoslo todo.

Me conoces y no te doy miedo. Te conozco y quiero crecer contigo. Seguimos enamorándonos cada día y un perfecto 26 me doy cuenta de que ya no tengo miedo de abrirme por completo a ti, y sonrío sintiéndome protegida tumbada en tus piernas en pleno centro de la ciudad. Parece que estamos solos, y tengo ganas de decirte todo lo que siento pero no se por qué, sigo callada.

Tres días después consigo deshacerme de la mudez momentánea y te lo digo: quiero ser tuya y volar a tu lado.


Así seguimos días, semanas y meses después de todo aquello.
Repasándonos cada noche las razones y las ganas que tenemos de ésto para no permitir que la apatía se instale en la habitación de al lado.
Bebiéndonos a besos cualquier duda o miedo que se intente colar en nuestras sábanas para asegurar que el camino sea menos pedregoso.
Releyéndonos para no olvidar cada recoveco que esconde la piel.
Y sintiendo, sobre todo sintiendo todas estas emociones fundadas en la sensación de que contigo encajo como nunca lo había hecho antes.

Siempre he sido el eslabón perdido hasta que un día el amor decidió acogerme en su seno y engancharme a ti, desde entonces juro que no me he sentido más parte de algo en la vida.

Yo que ya era feliz antes de conocerte, de repente llegas, reinventas el significado, y me haces estallar cada siete minutos por una alegría indescriptible a la que no sé como llamar.




jueves, 16 de abril de 2015

Turista de mí.

Supongo que los ojos no me duelen por las lentillas
supongo que la cabeza no me duele por el cansancio.
Supongo que esta invasión de vacío
nada tiene que ver con el hecho de sentirme sola,
supongo que esta sensación de llama frágil
nada tiene que ver con el sentimiento de fracaso constante.
Supongo que tampoco es porque tú no estés aquí,
ni yo tampoco.

Supongo que me he perdido
una vez, y otra, y otra.

Supongo que me cobro caro los días en los que me alojo fuera de mí
supongo que por eso siempre estoy en bancarrota.
En este país no tengo casa, ni gato, ni parque, ni juegos
en este país tengo fobias y se me cae la boca cada vez que intento sonreír.

Supongo que es por la fecha
o porque no encuentro a nadie
o porque no me encuentro
o porque no te encuentro pero sé que estás.

En mis cejas ya se pueden vez zonas cero
pero vosotros no tenéis ni idea de las veces que me destruyo por minuto.

Supongo que es por mí
porque aún no he aprendido a llevarme
porque se me ha olvidado abrazarme
lógico, si recuerdo que llevaba tiempo sin tener que hacerlo.

Supongo, pero nunca sé.

Supongo que te echo de menos a ti,
y a él, y a mí, y a ellos, y a todos, y a nadie
porque nadie sabe nunca quien llora
porque se les da mejor ignorar o no pensar,
o mantenerse ocupados para no partirse el pecho
o salir a bailar y ponerse hasta arriba de mierda.
A mí lo que se me dio bien siempre fue llorar.

Me he perdido y no me encuentro,
tampoco me busco
sólo estoy en algún rincón de ninguna jaula de peces
esperando a que me encuentres.

A ver si apareces,
a ver si me sacas del caos
porque no tengo cojones para abrir los ojos y hacerlo yo.

Supongo que el cielo está así por algo.
Supongo que no me voy a encontrar así
(aunque no me esté buscando).

Supongo que esto es una mierda.
Supongo que es abril.

jueves, 9 de abril de 2015

Y te condenaste.

Como una flor maldita que decidió declararse en huelga el día que quisieron arrancarla para formar parte del regalo a una mujer desengañada. Cómo si las flores vivas sirvieran de redención, aquí o nos colgamos todos o no hay catarsis que nos encuentre.
Me uní a ti como ese niño que vuelve a meterse en la boca el caramelo lleno de arena porque sigue sabiendo a fresa, aunque se haya manchado.
Decidimos que colgadas éramos más felices, que estábamos hartas de mirar al sol (mundo) y a su egocentrismo. Queríamos ver las huellas en las piedras de los zapatos de la gente que pasea por la ciudad sin darse cuenta de que podríamos ponernos a llover en cualquier momento.
En cualquier instante la lluvia de unos pétalos perturbados hará felices a dos amantes fugitivos del tedio.


lunes, 6 de abril de 2015

Una vez aparqué un coche todos los días.

Es como cuando estás aparcando,
¿sabes cuándo te metes en una relación y entras en el hueco pero estás muy separado de la acera o torcido? En definitiva, por lo que sea te has metido mal, y a veces es necesario salir para volver a entrar. Entonces calculas todos los pasos para esta vez hacerlo bien, pero cuando estás fuera de nuevo y con el intermitente puesto, se ha formado una cola gigante y están todos los coches pitando, te pones nervioso y sientes ese impulso necesario de dejarlo allí todo y salir vertiginosamente.
Pues así sería, sólo que yo al final nunca me voy a aparcar a otro sitio, prefiero intentarlo y que esperen a que encaje ganando, a irme corriendo y sentir vergüenza.
Aunque todo depende del grado de presión al que te sometan, supongo. Entiendo que a veces sea necesario escapar para no terminar machacado. Supongo también, que aquí entra en la ecuación el material del que está hecho uno.

Ya sé que no te has enterado de nada, pero yo me he entendido
y como estoy hablando sola, todo va bien.

jueves, 29 de enero de 2015

Mi interminable lista de razones

Me has dicho varias veces que te gustaría que verbalizase  mis sentimientos. Un día me preguntaste por qué me enamoré de ti y no fui capaz de contestarte abrumada por la magnitud de la respuesta.
¿Por dónde empezar? Imposible.
Esta noche he intentado responder, pero lo siento, se ha tenido que quedar en eso, un simple intento. No llega nunca la ocasión en la que deje de encontrar razones por las que te quiero. Me has hecho una pregunta trampa con respuesta infinita, suerte que a mí me encante perderme entre tus juegos.
Aquí te traigo algunas razones, espero que al menos te sirvan para hacerte una pequeña idea, pero ten siempre presente que es sólo una minúscula parte:


Me gustas porque entre tus brazos siempre hallo un lugar en el que encontrarme mejor aunque ya esté bien. Me proteges.

Me gustas por la manera en que tratas a Chaplin, me fijé desde el primer día. Esa es también la razón por la que él no puede dejar de adorarte cuando entras en casa.

Te quiero porque dices que soy una luchadora aunque te tocó a ti librar una batalla en mi lugar contra mis miedos y armaduras para hacer posible la historia más bonita del mundo.

Te quiero porque cuando intentaste besarme en lugar de dejarte hacerlo, te mostré todas mis cicatrices y tu reacción no fue largarte, sino querer curarlas.

Te quiero porque devoraste mis 51 traumatismos en 3 días y dijiste salir de allí más enamorado.

Me gustas por la manera en que te excitas cuando te lamo el cuello o te muerdo la espalda y con vehemencia te pones al mando y te encargas de que sea yo la que tiemble de placer.

Te quiero porque me salvaste de un mundo de decadente indiferencia y ostracismo de sentimientos.

Me encantas cuando te ríes descontroladamente y no te das cuenta de que me estás haciendo el regalo más grande que existe.

Me gustas cuando vamos andando por la calle y me frenas en seco porque no te aguantas las ganas de besarme o cuando bailamos en medio del paseo zorrilla, o cuando intentamos colarnos en los portales como amantes furtivos y volvemos a casa mojados.

Me encantas cuando te ríes de lo oscuro y te enfrentas con valentía a cualquier obstáculo que se te ponga delante.

Me gustas por tu mente abierta, por esa capacidad que tienes de ver las cosas desde varios ángulos y que eso haga que sea posible que hallemos con más facilidad cualquier solución.

Me gustas cuando juegas, cuando me picas, cuando te rapeo, gruñes y me besas.

Porque eres alocadamente valiente y a la vez eres perfectamente consciente de lo que quieres.

Me gustas porque compartimos ese amor por consumir cultura venga en la forma que venga.

Me gustas porque haces un mundo de mis errores solamente para que vea lo tontos que son y reírnos juntos de ellos.

Me gustas por ese efecto que causas en mí que me hace querer moverme y mejorar, y porque te encargas de hacer que vea resaltados mis puntos fuertes.

Me gustas porque me das caña sin darte ni cuenta, y me propongo cada día ser lo suficientemente buena persona como para merecerte.

Me gustas porque te rebelas contra lo impuesto, y lo haces con argumentos razonados para que todo el mundo lo entienda y ensanche sus miras. Porque aprendiste a desarrollar un pensamiento crítico y lo expones lejos de doctrinas prefijadas que la mayoría de los perdidos van repitiendo como pobres loros.

Me gustas porque en ti veo al amor de mi vida y me hago valiente y perspicaz para desarrollar estrategias que consistan en hacerte feliz y en que esto siga andando.

Me gustas porque le metiste mano a mi corazón sin saberlo y te quedaste para hacerte responsable de lo que tus actos habían provocado en mí.

Me gustas porque te sublevas cuando ves una injusticia, no te escondes y denuncias para intentar hacer de esta ciudad un sitio más bonito.

Me gustas vulnerable cuando me hablas del pasado o de lo que te ha herido, porque saber hablar de eso también es ser fuerte, y que reabras heridas sólo para que yo las vea y te conozca un poco mejor también es de superhéroes.

Me gustas por las ganas infinitas que tengo de recorrer el mundo contigo, desde tus ojos. Porque te ilusionas conmigo planeando viajes y proyectos.

Me gustas desde el primer beso, yo estaba muerta de miedo porque intuía que si te besaba iba a dar un vuelco a mi vida. Y así fue. Nunca un beso me dijo tanto, nunca un beso me enganchó de esa manera.

Me gustas porque te aprendiste mis canciones para entenderme y cantármelas cada vez que lo necesite.

Me gustas porque remueves algo en mí, y me haces querer pensar y abrir debates conmigo misma por el puro placer de descubrirme nuevas fronteras.

Me gustas porque estoy segura de que tu Shutter Island hubiera sido mejor que la de Scorsese (y mira que me gustó la maldita película).

Me gustas porque a tu lado ni la película más espesa, de por ejemplo, Gracia Querejeta se me hace aburrida, porque me sigues el juego cuando me canso y me pongo a pasear los dedos por encima de tu pelvis, y luego bajo un poco más y tú enseguida quieres devolverme la jugada y empiezo a querer poner un 10 a todas las películas que veo contigo sean como sean.

Me gustas porque no soy capaz de encontrar ni un solo motivo para que no me gustes
.
Me gustas porque no tengo ni idea de como parar esta lista que no tendría fin si no fuera porque vas a venir en cinco minutos, y esa sí que me parece una buena razón para parar el mundo y viajar contigo a otro mucho más emocionante.

Me gustas por ti, 
                               por mucho más, 
                                                            me encantas, 
                                                                                   
                                                                                    te quiero.





miércoles, 17 de diciembre de 2014

Encontrarse es difícil. Cosas que he estado haciendo. (17/11/2014)

(A todos os habrá dado alguna vez la vida una hostia, o varias. Bien, aquí está el camino que recorrí cuando una vez creí tenerlo todo y mi vida decidió darse la vuelta en todos los sentidos.)

Romperme en cuatro.
Volverme loca.
Salir corriendo.
Soñar varias veces con Baroja
y hablar con él.
Emborracharme con un extraño.
Imitar a Kerouac.
Aprender esperanto.
Follar en la santa sede.
Romperme en ocho.
Viajar a Indianapolis,
comer no se qué de pato, vomitar y volver.
Vender mi alma,
encontrarla rebuscando en la basura en forma de gato,
y llevármelo a casa.
Salir a pasear a un perro a las tres de la mañana,
intentar hablarle al dueño de Unamuno,
y al ver que no podía
huir de allí a las cuatro.
Romperme otra vez
ahora en cincuenta.
Aprender a dar la vuelta en el aire a las tortillas.
Tocar la guitarra con resaca.
Contarle mis secretos a un admirado desconocido de Granada.
Amanecer en un sitio en el que nunca antes había estado con la cara manchada y el vestido mojado.
Construir una fortaleza con palillos, pinturas y piedras.

Para acabar otra vez frente a ti y decirte:

"No te he olvidado."

Intentar restaurarnos y destruirnos más.
Reencontré mi habilidad para suscitar el caos,
y volví a ahogarme entre la desgana.
A no necesitar eso,
a no necesitar nada
salvo a mí.
A reconocerme entre papeles desordenados.
Me metí en una fuente desnuda
bailé y volví a casa.
Soñé con Kierkegaard y
tomé café con Sartre
ambos me abrazaron fuerte,
éste último más.
Hablé conmigo,
me pregunté qué me pasaba.
¿Qué es el amor y qué es lo que ha hecho conmigo?
¿Qué he hecho yo con él?
Provoqué el desastre sin querer, como Luis Ramiro
Fui juzgada,
sólo encontraron desinterés forzado
por un mundo que no me pertenecía.

Me crucé con unos ojos marrones
que cosieron mis cincuenta trozos y
lo vi todo mucho más claro.

Una vez estuve enamorada muy fuerte.
Una vez yo habría dado cualquier cosa
hasta que vinieron a matarnos,
tú no hiciste nada y yo
al ver la situación
me uní a los enemigos.

Después me quedé vacía
y ya no entendía nada.

Hasta ahora, que me quiero,
que beso al amor todos los días
me da cobijo
y promete no soltarme.

¿Quién puede fiarse?
Pero es eso justamente de lo que hablo:

yo le creo.


martes, 25 de noviembre de 2014

Si tú te caes, yo me rompo.

Hay que quererla mucho, no todo el mundo pierde su inocencia en un día con un puto golpe en el que además estalló en pedazos toda su vida,  y luego tiene los cojones de seguir adelante.

Joder, a veces se me olvida todo por lo que has pasado y soy dura contigo, pero es que no quiero que te puedan hacer ningún rasguño más.
Sé que eres fuerte y que siempre te recuperas pero es impulsivo que necesite hacer todo lo que esté en mi mano para evitarte otra cicatriz, me sale solo ese instinto de protegerte a toda costa.
Tengo la sensación de que cuando tu padre se fue dejó en mis manos el papel de cuidarte,
y me jode mucho no llegar nunca a su altura pero pongo todo mi empeño en ello.
Te quiero entera, te quiero fuerte, te quiero sonriendo y bailando por casa con ese punto de locura tan nuestro, te quiero dar mi fuerza y sangrar en tu lugar si a ti te hacen la herida. Te quiero mamá.


lunes, 17 de noviembre de 2014

Ven, que tengo mil canciones que enseñarte.

Ayer me volví a poner tu bata azul clarito, intente emular un abrazo tuyo pero no funcionó. Vuelve, te echamos mucho de menos.
Ya no tengo a quien cantarle la muñequita linda (siempre fuiste tú aquella delicada muñeca), ni la del sevillano de las siete hijas, ni la de Alfonso XII. El otro día me salió cantarla un poco en una sala de exposiciones con Samuel pero no se la sabía bien y le tuve que enseñar, como tú me enseñaste a mí.
Por un momento estuviste allí. ¿Estabas cantando con nosotros?

Vuelve, que necesito consejos sobre como cuidar a mamá, lo intento hacer lo mejor que puedo pero tú sabías mejor.
Vuelve y cuéntame.

¿Sabes una cosa? Ya tengo un trabajo, es de cocinera. Seguro que te habría gustado, a mí también, pero no es lo que quiero hacer siempre. Creo que nunca llegué a explicarte lo que quería estudiar... Ven, que me encantaría hacerlo, como cuando te enseñaba mis juguetes.

Mamá vuelve a vivir tu pérdida algunas noches y te echa mucho de menos, yo no sé cómo explicarle que todavía estás aquí.
 Ven, y hazlo tú.

Hemos vuelto a comprar yogures, ahora me han empezado a gustar.
Ven, y merendamos juntas.

Ahora tenemos un gatito. Con lo que te gustaban esos bichillos, ¡te encantaría este!
Mamá dice que si siguieras sentándote en tu sillón, él se pasaría las tardes acurrucado en tus piernas y yo creo que tiene razón. Es una pequeña joya a la que abandonaron.
Ven, que te le presento.

Te veo muchas veces, te quiero encontrar en cada guerrera pacífica con el pelo blanco que camina por la calle, pero el trono lo tenías solo tú.
Te veo cuando una madre y una hija están dando un paseo, o cuando voy al parque, o cuando cualquier abuelita se me cruza por la ciudad y siento el deseo de ir corriendo a abrazarla pensando que eres tú.

Este verano hice una amiga, estaba con Samuel sentada en un banco y quiso sentarse con nosotros,
nos contaba historias y yo quise pensar que os parecíais, también imaginaba las historias que tú nos contarías en su lugar.
Nos invitó a ir a su casa cuando quisiéramos, era amable como tú. Me gustaba pensar que podrías ser tú, y también quise abrazarla.

Vuelve, que te echamos de menos.
Ven, y tráete a Diego.
Ven, y cántanos la nueva canción de Moustaki que sólo puedes escuchar tú ahí arriba.
Ven, que necesitamos que nos protejas, que a vivir sin ti no se aprende.
Ven, y cuéntame la historia de tu fortaleza.

Ven, que sin ti sigo sin saber ser.

martes, 11 de noviembre de 2014

Sobre ti, sobre mí, sobre cuando la vida decide acariciarte.

Hace mucho tiempo que no me invade la rabia ni tengo que evadirme usando el bolígrafo y el papel como vía de escape de una lacerante realidad.
Hace mucho tiempo que no me tengo que quitar a tirones la cuerda que me anudaron al cuello de la única forma que sé: hostigando este teclado a ciegas con lágrimas en los ojos pero con mucho que sacar.
Y joder, qué sonrisa.
Hace mucho tiempo que no te echo de menos porque no me hace falta,
porque te encargas de estar presente en todo lo importante.
Hace mucho que no siento ni desconfianza, ni vacío, ni flaqueza porque me arriesgué a confiar en ti y siempre que lo necesito apareces, en cuanto ves mi llamada no tardas ni un segundo en llamarme a ver que pasa.

A veces las cosas si que pueden cambiar a mejor.
¿Quién nos lo iba a decir? A nosotros, pobres incrédulos que naufragamos en la cómoda afirmación de que es muy difícil que algo cambie a estas alturas. Pues bien, he tenido que esperar diecisiete años para volver a darte el abrazo que te di cuando tenía cuatro, y veintiuno para que nuestras sonrisas bailen juntas la misma canción.
¿Y sabes una cosa? He reducido todos tus errores a tres o cuatro cenizas mal tiradas (ya sabes lo buena que puedo llegar a ser en esto de incendiar amenazas), igual que a ti se te olvida contar si hay que hablar de los míos, y me quieres aún con esta pasión en la cabeza que a veces me puede más que cualquier otra cosa aunque tú con los años hayas optado por darle prioridad a la razón.

Los grandes cambios suceden así, sin que puedas darte cuenta de lo que está pasando hasta que todo ha cambiado y te quedas mirando el resultado, y esa es la suerte, nada cambia por arte de ingenuidad de un día para otro.

Algún día te devolveré todo lo que me has enseñado llevándote a flipar viendo las cataratas de Niágara, algún día iremos, te lo prometo.
Mientras tanto, gracias por esta filosofía de vida, por enseñarme a tener ganas de avanzar aunque a veces el éxito se muestre esquivo. Ese es el verdadero mérito, ser feliz es muy fácil cuando todo te va bien. Nosotros bailamos más allá.

Y ese mal pasado me importa una mierda si ahora vas a estar para abrazarme el presente.


miércoles, 29 de octubre de 2014

Pequeños trocitos

-¿Así que me admiras, eh? Dios.
+¿Qué pasa?
-Eso es mucha responsabilidad, ahora no puedo ser mediocre.
+No podrías serlo aunque quisieras.
-Yo también te admiro a ti.
+Lo he notado.
-¿Ah sí? ¿En qué?
+En cómo me miras muchas veces, en cómo te bebes mis palabras cuando hablo. Se te nota en la cara.
-Una relación no tendría sentido si no hubiera un grado de admiración mutua. ¿Qué te aportaría el otro si no?
+No te haces una idea de lo muchísimo que me aportas.
Lo estás haciendo otra vez. Date cuenta de cómo me estás mirando.
-¿Crees que puedes decirme eso y que no pretenda besarte ahora mismo?
[...]
-Se está hundiendo el escaparate.
+Me da igual...