miércoles, 27 de mayo de 2015

Estabas viviendo un momentazo, te lo leí en la cara.

"No es que pierda la cabeza por él, 
es que desde que ha venido 
no dejo de encontrar razones 
para querer volver a casa."

Me descoloca, me rompe esquemas, tira mis muros, me hace bailar bajo la lluvia, hace que sienta unas irrefrenables ganas de gritar "te quiero" en todos los pasos de cebra,  y lo grito.
Me desduda, mete mano a mis miedos y se los folla, y me hace volar con los pies en el suelo, saltar, abrir los ojos y aullar de alegría en mitad de la calle.
Me encierra en un estado de euforia totalmente nuevo, destroza mis viejos prejuicios y mi manía de querer vivir en una armadura oxidada.
Me pervierte, me enseña, me mata de risa unas cinco veces al día y me resucita con un beso.
La valentía se hace dueña de mi vida cuando baja su mano paseándose por mi cuerpo despacito.

Y encima, lo mejor de todo es que se encarga de hacerme saber en todo momento que él está pasando por lo mismo.

lunes, 20 de abril de 2015

Sobre el imperio del sol y sobre cómo hiciste amanecer mi vida

Tu voz fue lo primero que me llegó de ti. Escuché tu voz y estabas tan cerca sin saberlo. Quise ver más, me sedujo tu hambre de cultura y tu interés con el mundo, lo que podía aprender de ti.

Abril, y te veo desprendiendo calor en una fría mañana vallisoletana. Me he enamorado de ti tantas veces... probablemente la primera fue cuando pronunciaste mi nombre aquel día. Me enamoré de ti cuando me mirabas, y yo muerta de timidez agachaba la cabeza y sonreía.
Hablabas de películas y recuerdo que quise verlas todas y hablarte de ellas y de lo guapo que estabas temblando en aquella mesa sin saber a donde mirar.
Erais tres pero estabas sólo tú,
de repente todos desaparecieron,
hasta el público.

Una o dos excusas tontas y nervios al hablar contigo, pero la primavera era turbia y los meses se encargaron de borrarnos los mensajes pendientes.

Herman Hesse y la curiosidad por saber de ti se conchabaron en verano para hacernos volver a sonreír.
"Y qué te pareció esto. Mi vida va así, tú qué haces con la tuya."
Hablar y hablar, no recuerdo bien de qué pero quería verte y que me acompañases a dar uno de mis paseos reflexivos de las dos de la mañana.

"Hola. Ya estoy aquí. Mira mis cicatrices, a ver las tuyas. ¿Te asustan?
 ¿Qué es lo peor que te ha pasado en la vida? ¿Eres feliz?"
Y esas cosas que no se hablan en una primera cita pero que nosotros sí. "Primera cita" cómo odiaba que lo llamases cita. Cita suena a amor y mi cabeza rota se empeñaba en reprimir sentimientos y en ser sólo tu amiga. También hablamos de sueños.

"¿Qué haces intentando besarme si no me conoces de nada?"

[...]

"¿Sabes? Me llamó la atención que dijiste <si no me conoces> en lugar de <si no te conozco>
es como si me estuvieras protegiendo."

"No me conoces. Estoy rota, léeme."

Te quisiste sumergir en mi mundo y dejarme conocer el tuyo. Las heridas, el pasado y los miedos empezaron querer huir.
Las ganas de vernos gobernaron el verano pero aún me quedaban restos de miedo en la boca, que empezaste a limpiar a base de besos y de "quiero seguir conociéndote"

Joder, si hasta la música se puso de nuestra parte y quiso poner banda sonora a las ganas. Las noches, los encuentros después del trabajo, los lugares ocultos de la ciudad y el cine al aire libre nos dieron la mano.

Recuerdo como me enganché a ti desde que me besaste por primera vez, me quitaste cinco años de condena al sentirte tan cerca. Y otra vez me enamoré de ti sin querer reconocerlo.

Un día mi ropa no supo donde meterse, las ganas de tirarte al suelo derrotaron a mi prudencia, y te quise con mis manos, con mi cuerpo, te quise encima y me sentí querida mirándote desde abajo.

Y deseé dormir a tu lado porque el "te conozco de siempre y llegaste hace un rato" me hacían correr alocadamente hacia tus brazos, como un niño buscando las piernas de su madre al salir del colegio.

Me asusté un poco pero seguía queriendo verte, y tú seguías peleando por que ésto pudiera funcionar.

Te quiero conscientemente por primera vez con ese abrazo en mi portal en el que por nada del mundo me hubiera soltado. Siento toda la seguridad y confianza que me transmites y quiero quedarme, quiero hacerlo.

No me atrevo a quererte en voz alta y reinvento el significado de una palabra para hacerte saber que te quiero, pero que no me atrevo a decirlo.

Suricato.

Me dura dos días, y hasta el momento no he parado de repetirte ni un día las ganas con las que te quiero.

Quiero estar contigo y me subo a un balcón y lo grito. Lo digo en la calle mientras te miro y sonrío. Se lo digo en bajito a dos señoras que pasean, y no nos caben en el cuerpo las ganas de querer dárnoslo todo.

Me conoces y no te doy miedo. Te conozco y quiero crecer contigo. Seguimos enamorándonos cada día y un perfecto 26 me doy cuenta de que ya no tengo miedo de abrirme por completo a ti, y sonrío sintiéndome protegida tumbada en tus piernas en pleno centro de la ciudad. Parece que estamos solos, y tengo ganas de decirte todo lo que siento pero no se por qué, sigo callada.

Tres días después consigo deshacerme de la mudez momentánea y te lo digo: quiero ser tuya y volar a tu lado.


Así seguimos días, semanas y meses después de todo aquello.
Repasándonos cada noche las razones y las ganas que tenemos de ésto para no permitir que la apatía se instale en la habitación de al lado.
Bebiéndonos a besos cualquier duda o miedo que se intente colar en nuestras sábanas para asegurar que el camino sea menos pedregoso.
Releyéndonos para no olvidar cada recoveco que esconde la piel.
Y sintiendo, sobre todo sintiendo todas estas emociones fundadas en la sensación de que contigo encajo como nunca lo había hecho antes.

Siempre he sido el eslabón perdido hasta que un día el amor decidió acogerme en su seno y engancharme a ti, desde entonces juro que no me he sentido más parte de algo en la vida.

Yo que ya era feliz antes de conocerte, de repente llegas, reinventas el significado, y me haces estallar cada siete minutos por una alegría indescriptible a la que no sé como llamar.




jueves, 16 de abril de 2015

Turista de mí.

Supongo que los ojos no me duelen por las lentillas
supongo que la cabeza no me duele por el cansancio.
Supongo que esta invasión de vacío
nada tiene que ver con el hecho de sentirme sola,
supongo que esta sensación de llama frágil
nada tiene que ver con el sentimiento de fracaso constante.
Supongo que tampoco es porque tú no estés aquí,
ni yo tampoco.

Supongo que me he perdido
una vez, y otra, y otra.

Supongo que me cobro caro los días en los que me alojo fuera de mí
supongo que por eso siempre estoy en bancarrota.
En este país no tengo casa, ni gato, ni parque, ni juegos
en este país tengo fobias y se me cae la boca cada vez que intento sonreír.

Supongo que es por la fecha
o porque no encuentro a nadie
o porque no me encuentro
o porque no te encuentro pero sé que estás.

En mis cejas ya se pueden vez zonas cero
pero vosotros no tenéis ni idea de las veces que me destruyo por minuto.

Supongo que es por mí
porque aún no he aprendido a llevarme
porque se me ha olvidado abrazarme
lógico, si recuerdo que llevaba tiempo sin tener que hacerlo.

Supongo, pero nunca sé.

Supongo que te echo de menos a ti,
y a él, y a mí, y a ellos, y a todos, y a nadie
porque nadie sabe nunca quien llora
porque se les da mejor ignorar o no pensar,
o mantenerse ocupados para no partirse el pecho
o salir a bailar y ponerse hasta arriba de mierda.
A mí lo que se me dio bien siempre fue llorar.

Me he perdido y no me encuentro,
tampoco me busco
sólo estoy en algún rincón de ninguna jaula de peces
esperando a que me encuentres.

A ver si apareces,
a ver si me sacas del caos
porque no tengo cojones para abrir los ojos y hacerlo yo.

Supongo que el cielo está así por algo.
Supongo que no me voy a encontrar así
(aunque no me esté buscando).

Supongo que esto es una mierda.
Supongo que es abril.

jueves, 9 de abril de 2015

Y te condenaste.

Como una flor maldita que decidió declararse en huelga el día que quisieron arrancarla para formar parte del regalo a una mujer desengañada. Cómo si las flores vivas sirvieran de redención, aquí o nos colgamos todos o no hay catarsis que nos encuentre.
Me uní a ti como ese niño que vuelve a meterse en la boca el caramelo lleno de arena porque sigue sabiendo a fresa, aunque se haya manchado.
Decidimos que colgadas éramos más felices, que estábamos hartas de mirar al sol (mundo) y a su egocentrismo. Queríamos ver las huellas en las piedras de los zapatos de la gente que pasea por la ciudad sin darse cuenta de que podríamos ponernos a llover en cualquier momento.
En cualquier instante la lluvia de unos pétalos perturbados hará felices a dos amantes fugitivos del tedio.


lunes, 6 de abril de 2015

Una vez aparqué un coche todos los días.

Es como cuando estás aparcando,
¿sabes cuándo te metes en una relación y entras en el hueco pero estás muy separado de la acera o torcido? En definitiva, por lo que sea te has metido mal, y a veces es necesario salir para volver a entrar. Entonces calculas todos los pasos para esta vez hacerlo bien, pero cuando estás fuera de nuevo y con el intermitente puesto, se ha formado una cola gigante y están todos los coches pitando, te pones nervioso y sientes ese impulso necesario de dejarlo allí todo y salir vertiginosamente.
Pues así sería, sólo que yo al final nunca me voy a aparcar a otro sitio, prefiero intentarlo y que esperen a que encaje ganando, a irme corriendo y sentir vergüenza.
Aunque todo depende del grado de presión al que te sometan, supongo. Entiendo que a veces sea necesario escapar para no terminar machacado. Supongo también, que aquí entra en la ecuación el material del que está hecho uno.

Ya sé que no te has enterado de nada, pero yo me he entendido
y como estoy hablando sola, todo va bien.

jueves, 29 de enero de 2015

Mi interminable lista de razones

Me has dicho varias veces que te gustaría que verbalizase  mis sentimientos. Un día me preguntaste por qué me enamoré de ti y no fui capaz de contestarte abrumada por la magnitud de la respuesta.
¿Por dónde empezar? Imposible.
Esta noche he intentado responder, pero lo siento, se ha tenido que quedar en eso, un simple intento. No llega nunca la ocasión en la que deje de encontrar razones por las que te quiero. Me has hecho una pregunta trampa con respuesta infinita, suerte que a mí me encante perderme entre tus juegos.
Aquí te traigo algunas razones, espero que al menos te sirvan para hacerte una pequeña idea, pero ten siempre presente que es sólo una minúscula parte:


Me gustas porque entre tus brazos siempre hallo un lugar en el que encontrarme mejor aunque ya esté bien. Me proteges.

Me gustas por la manera en que tratas a Chaplin, me fijé desde el primer día. Esa es también la razón por la que él no puede dejar de adorarte cuando entras en casa.

Te quiero porque dices que soy una luchadora aunque te tocó a ti librar una batalla en mi lugar contra mis miedos y armaduras para hacer posible la historia más bonita del mundo.

Te quiero porque cuando intentaste besarme en lugar de dejarte hacerlo, te mostré todas mis cicatrices y tu reacción no fue largarte, sino querer curarlas.

Te quiero porque devoraste mis 51 traumatismos en 3 días y dijiste salir de allí más enamorado.

Me gustas por la manera en que te excitas cuando te lamo el cuello o te muerdo la espalda y con vehemencia te pones al mando y te encargas de que sea yo la que tiemble de placer.

Te quiero porque me salvaste de un mundo de decadente indiferencia y ostracismo de sentimientos.

Me encantas cuando te ríes descontroladamente y no te das cuenta de que me estás haciendo el regalo más grande que existe.

Me gustas cuando vamos andando por la calle y me frenas en seco porque no te aguantas las ganas de besarme o cuando bailamos en medio del paseo zorrilla, o cuando intentamos colarnos en los portales como amantes furtivos y volvemos a casa mojados.

Me encantas cuando te ríes de lo oscuro y te enfrentas con valentía a cualquier obstáculo que se te ponga delante.

Me gustas por tu mente abierta, por esa capacidad que tienes de ver las cosas desde varios ángulos y que eso haga que sea posible que hallemos con más facilidad cualquier solución.

Me gustas cuando juegas, cuando me picas, cuando te rapeo, gruñes y me besas.

Porque eres alocadamente valiente y a la vez eres perfectamente consciente de lo que quieres.

Me gustas porque compartimos ese amor por consumir cultura venga en la forma que venga.

Me gustas porque haces un mundo de mis errores solamente para que vea lo tontos que son y reírnos juntos de ellos.

Me gustas por ese efecto que causas en mí que me hace querer moverme y mejorar, y porque te encargas de hacer que vea resaltados mis puntos fuertes.

Me gustas porque me das caña sin darte ni cuenta, y me propongo cada día ser lo suficientemente buena persona como para merecerte.

Me gustas porque te rebelas contra lo impuesto, y lo haces con argumentos razonados para que todo el mundo lo entienda y ensanche sus miras. Porque aprendiste a desarrollar un pensamiento crítico y lo expones lejos de doctrinas prefijadas que la mayoría de los perdidos van repitiendo como pobres loros.

Me gustas porque en ti veo al amor de mi vida y me hago valiente y perspicaz para desarrollar estrategias que consistan en hacerte feliz y en que esto siga andando.

Me gustas porque le metiste mano a mi corazón sin saberlo y te quedaste para hacerte responsable de lo que tus actos habían provocado en mí.

Me gustas porque te sublevas cuando ves una injusticia, no te escondes y denuncias para intentar hacer de esta ciudad un sitio más bonito.

Me gustas vulnerable cuando me hablas del pasado o de lo que te ha herido, porque saber hablar de eso también es ser fuerte, y que reabras heridas sólo para que yo las vea y te conozca un poco mejor también es de superhéroes.

Me gustas por las ganas infinitas que tengo de recorrer el mundo contigo, desde tus ojos. Porque te ilusionas conmigo planeando viajes y proyectos.

Me gustas desde el primer beso, yo estaba muerta de miedo porque intuía que si te besaba iba a dar un vuelco a mi vida. Y así fue. Nunca un beso me dijo tanto, nunca un beso me enganchó de esa manera.

Me gustas porque te aprendiste mis canciones para entenderme y cantármelas cada vez que lo necesite.

Me gustas porque remueves algo en mí, y me haces querer pensar y abrir debates conmigo misma por el puro placer de descubrirme nuevas fronteras.

Me gustas porque estoy segura de que tu Shutter Island hubiera sido mejor que la de Scorsese (y mira que me gustó la maldita película).

Me gustas porque a tu lado ni la película más espesa, de por ejemplo, Gracia Querejeta se me hace aburrida, porque me sigues el juego cuando me canso y me pongo a pasear los dedos por encima de tu pelvis, y luego bajo un poco más y tú enseguida quieres devolverme la jugada y empiezo a querer poner un 10 a todas las películas que veo contigo sean como sean.

Me gustas porque no soy capaz de encontrar ni un solo motivo para que no me gustes
.
Me gustas porque no tengo ni idea de como parar esta lista que no tendría fin si no fuera porque vas a venir en cinco minutos, y esa sí que me parece una buena razón para parar el mundo y viajar contigo a otro mucho más emocionante.

Me gustas por ti, 
                               por mucho más, 
                                                            me encantas, 
                                                                                   
                                                                                    te quiero.





miércoles, 17 de diciembre de 2014

Encontrarse es difícil. Cosas que he estado haciendo. (17/11/2014)

(A todos os habrá dado alguna vez la vida una hostia, o varias. Bien, aquí está el camino que recorrí cuando una vez creí tenerlo todo y mi vida decidió darse la vuelta en todos los sentidos.)

Romperme en cuatro.
Volverme loca.
Salir corriendo.
Soñar varias veces con Baroja
y hablar con él.
Emborracharme con un extraño.
Imitar a Kerouac.
Aprender esperanto.
Follar en la santa sede.
Romperme en ocho.
Viajar a Indianapolis,
comer no se qué de pato, vomitar y volver.
Vender mi alma,
encontrarla rebuscando en la basura en forma de gato,
y llevármelo a casa.
Salir a pasear a un perro a las tres de la mañana,
intentar hablarle al dueño de Unamuno,
y al ver que no podía
huir de allí a las cuatro.
Romperme otra vez
ahora en cincuenta.
Aprender a dar la vuelta en el aire a las tortillas.
Tocar la guitarra con resaca.
Contarle mis secretos a un admirado desconocido de Granada.
Amanecer en un sitio en el que nunca antes había estado con la cara manchada y el vestido mojado.
Construir una fortaleza con palillos, pinturas y piedras.

Para acabar otra vez frente a ti y decirte:

"No te he olvidado."

Intentar restaurarnos y destruirnos más.
Reencontré mi habilidad para suscitar el caos,
y volví a ahogarme entre la desgana.
A no necesitar eso,
a no necesitar nada
salvo a mí.
A reconocerme entre papeles desordenados.
Me metí en una fuente desnuda
bailé y volví a casa.
Soñé con Kierkegaard y
tomé café con Sartre
ambos me abrazaron fuerte,
éste último más.
Hablé conmigo,
me pregunté qué me pasaba.
¿Qué es el amor y qué es lo que ha hecho conmigo?
¿Qué he hecho yo con él?
Provoqué el desastre sin querer, como Luis Ramiro
Fui juzgada,
sólo encontraron desinterés forzado
por un mundo que no me pertenecía.

Me crucé con unos ojos marrones
que cosieron mis cincuenta trozos y
lo vi todo mucho más claro.

Una vez estuve enamorada muy fuerte.
Una vez yo habría dado cualquier cosa
hasta que vinieron a matarnos,
tú no hiciste nada y yo
al ver la situación
me uní a los enemigos.

Después me quedé vacía
y ya no entendía nada.

Hasta ahora, que me quiero,
que beso al amor todos los días
me da cobijo
y promete no soltarme.

¿Quién puede fiarse?
Pero es eso justamente de lo que hablo:

yo le creo.