jueves, 9 de abril de 2015

Y te condenaste.

Como una flor maldita que decidió declararse en huelga el día que quisieron arrancarla para formar parte del regalo a una mujer desengañada. Cómo si las flores vivas sirvieran de redención, aquí o nos colgamos todos o no hay catarsis que nos encuentre.
Me uní a ti como ese niño que vuelve a meterse en la boca el caramelo lleno de arena porque sigue sabiendo a fresa, aunque se haya manchado.
Decidimos que colgadas éramos más felices, que estábamos hartas de mirar al sol (mundo) y a su egocentrismo. Queríamos ver las huellas en las piedras de los zapatos de la gente que pasea por la ciudad sin darse cuenta de que podríamos ponernos a llover en cualquier momento.
En cualquier instante la lluvia de unos pétalos perturbados hará felices a dos amantes fugitivos del tedio.


lunes, 6 de abril de 2015

Una vez aparqué un coche todos los días.

Es como cuando estás aparcando,
¿sabes cuándo te metes en una relación y entras en el hueco pero estás muy separado de la acera o torcido? En definitiva, por lo que sea te has metido mal, y a veces es necesario salir para volver a entrar. Entonces calculas todos los pasos para esta vez hacerlo bien, pero cuando estás fuera de nuevo y con el intermitente puesto, se ha formado una cola gigante y están todos los coches pitando, te pones nervioso y sientes ese impulso necesario de dejarlo allí todo y salir vertiginosamente.
Pues así sería, sólo que yo al final nunca me voy a aparcar a otro sitio, prefiero intentarlo y que esperen a que encaje ganando, a irme corriendo y sentir vergüenza.
Aunque todo depende del grado de presión al que te sometan, supongo. Entiendo que a veces sea necesario escapar para no terminar machacado. Supongo también, que aquí entra en la ecuación el material del que está hecho uno.

Ya sé que no te has enterado de nada, pero yo me he entendido
y como estoy hablando sola, todo va bien.

jueves, 29 de enero de 2015

Mi interminable lista de razones

Me has dicho varias veces que te gustaría que verbalizase  mis sentimientos. Un día me preguntaste por qué me enamoré de ti y no fui capaz de contestarte abrumada por la magnitud de la respuesta.
¿Por dónde empezar? Imposible.
Esta noche he intentado responder, pero lo siento, se ha tenido que quedar en eso, un simple intento. No llega nunca la ocasión en la que deje de encontrar razones por las que te quiero. Me has hecho una pregunta trampa con respuesta infinita, suerte que a mí me encante perderme entre tus juegos.
Aquí te traigo algunas razones, espero que al menos te sirvan para hacerte una pequeña idea, pero ten siempre presente que es sólo una minúscula parte:


Me gustas porque entre tus brazos siempre hallo un lugar en el que encontrarme mejor aunque ya esté bien. Me proteges.

Me gustas por la manera en que tratas a Chaplin, me fijé desde el primer día. Esa es también la razón por la que él no puede dejar de adorarte cuando entras en casa.

Te quiero porque dices que soy una luchadora aunque te tocó a ti librar una batalla en mi lugar contra mis miedos y armaduras para hacer posible la historia más bonita del mundo.

Te quiero porque cuando intentaste besarme en lugar de dejarte hacerlo, te mostré todas mis cicatrices y tu reacción no fue largarte, sino querer curarlas.

Te quiero porque devoraste mis 51 traumatismos en 3 días y dijiste salir de allí más enamorado.

Me gustas por la manera en que te excitas cuando te lamo el cuello o te muerdo la espalda y con vehemencia te pones al mando y te encargas de que sea yo la que tiemble de placer.

Te quiero porque me salvaste de un mundo de decadente indiferencia y ostracismo de sentimientos.

Me encantas cuando te ríes descontroladamente y no te das cuenta de que me estás haciendo el regalo más grande que existe.

Me gustas cuando vamos andando por la calle y me frenas en seco porque no te aguantas las ganas de besarme o cuando bailamos en medio del paseo zorrilla, o cuando intentamos colarnos en los portales como amantes furtivos y volvemos a casa mojados.

Me encantas cuando te ríes de lo oscuro y te enfrentas con valentía a cualquier obstáculo que se te ponga delante.

Me gustas por tu mente abierta, por esa capacidad que tienes de ver las cosas desde varios ángulos y que eso haga que sea posible que hallemos con más facilidad cualquier solución.

Me gustas cuando juegas, cuando me picas, cuando te rapeo, gruñes y me besas.

Porque eres alocadamente valiente y a la vez eres perfectamente consciente de lo que quieres.

Me gustas porque compartimos ese amor por consumir cultura venga en la forma que venga.

Me gustas porque haces un mundo de mis errores solamente para que vea lo tontos que son y reírnos juntos de ellos.

Me gustas por ese efecto que causas en mí que me hace querer moverme y mejorar, y porque te encargas de hacer que vea resaltados mis puntos fuertes.

Me gustas porque me das caña sin darte ni cuenta, y me propongo cada día ser lo suficientemente buena persona como para merecerte.

Me gustas porque te rebelas contra lo impuesto, y lo haces con argumentos razonados para que todo el mundo lo entienda y ensanche sus miras. Porque aprendiste a desarrollar un pensamiento crítico y lo expones lejos de doctrinas prefijadas que la mayoría de los perdidos van repitiendo como pobres loros.

Me gustas porque en ti veo al amor de mi vida y me hago valiente y perspicaz para desarrollar estrategias que consistan en hacerte feliz y en que esto siga andando.

Me gustas porque le metiste mano a mi corazón sin saberlo y te quedaste para hacerte responsable de lo que tus actos habían provocado en mí.

Me gustas porque te sublevas cuando ves una injusticia, no te escondes y denuncias para intentar hacer de esta ciudad un sitio más bonito.

Me gustas vulnerable cuando me hablas del pasado o de lo que te ha herido, porque saber hablar de eso también es ser fuerte, y que reabras heridas sólo para que yo las vea y te conozca un poco mejor también es de superhéroes.

Me gustas por las ganas infinitas que tengo de recorrer el mundo contigo, desde tus ojos. Porque te ilusionas conmigo planeando viajes y proyectos.

Me gustas desde el primer beso, yo estaba muerta de miedo porque intuía que si te besaba iba a dar un vuelco a mi vida. Y así fue. Nunca un beso me dijo tanto, nunca un beso me enganchó de esa manera.

Me gustas porque te aprendiste mis canciones para entenderme y cantármelas cada vez que lo necesite.

Me gustas porque remueves algo en mí, y me haces querer pensar y abrir debates conmigo misma por el puro placer de descubrirme nuevas fronteras.

Me gustas porque estoy segura de que tu Shutter Island hubiera sido mejor que la de Scorsese (y mira que me gustó la maldita película).

Me gustas porque a tu lado ni la película más espesa, de por ejemplo, Gracia Querejeta se me hace aburrida, porque me sigues el juego cuando me canso y me pongo a pasear los dedos por encima de tu pelvis, y luego bajo un poco más y tú enseguida quieres devolverme la jugada y empiezo a querer poner un 10 a todas las películas que veo contigo sean como sean.

Me gustas porque no soy capaz de encontrar ni un solo motivo para que no me gustes
.
Me gustas porque no tengo ni idea de como parar esta lista que no tendría fin si no fuera porque vas a venir en cinco minutos, y esa sí que me parece una buena razón para parar el mundo y viajar contigo a otro mucho más emocionante.

Me gustas por ti, 
                               por mucho más, 
                                                            me encantas, 
                                                                                   
                                                                                    te quiero.





miércoles, 17 de diciembre de 2014

Encontrarse es difícil. Cosas que he estado haciendo. (17/11/2014)

(A todos os habrá dado alguna vez la vida una hostia, o varias. Bien, aquí está el camino que recorrí cuando una vez creí tenerlo todo y mi vida decidió darse la vuelta en todos los sentidos.)

Romperme en cuatro.
Volverme loca.
Salir corriendo.
Soñar varias veces con Baroja
y hablar con él.
Emborracharme con un extraño.
Imitar a Kerouac.
Aprender esperanto.
Follar en la santa sede.
Romperme en ocho.
Viajar a Indianapolis,
comer no se qué de pato, vomitar y volver.
Vender mi alma,
encontrarla rebuscando en la basura en forma de gato,
y llevármelo a casa.
Salir a pasear a un perro a las tres de la mañana,
intentar hablarle al dueño de Unamuno,
y al ver que no podía
huir de allí a las cuatro.
Romperme otra vez
ahora en cincuenta.
Aprender a dar la vuelta en el aire a las tortillas.
Tocar la guitarra con resaca.
Contarle mis secretos a un admirado desconocido de Granada.
Amanecer en un sitio en el que nunca antes había estado con la cara manchada y el vestido mojado.
Construir una fortaleza con palillos, pinturas y piedras.

Para acabar otra vez frente a ti y decirte:

"No te he olvidado."

Intentar restaurarnos y destruirnos más.
Reencontré mi habilidad para suscitar el caos,
y volví a ahogarme entre la desgana.
A no necesitar eso,
a no necesitar nada
salvo a mí.
A reconocerme entre papeles desordenados.
Me metí en una fuente desnuda
bailé y volví a casa.
Soñé con Kierkegaard y
tomé café con Sartre
ambos me abrazaron fuerte,
éste último más.
Hablé conmigo,
me pregunté qué me pasaba.
¿Qué es el amor y qué es lo que ha hecho conmigo?
¿Qué he hecho yo con él?
Provoqué el desastre sin querer, como Luis Ramiro
Fui juzgada,
sólo encontraron desinterés forzado
por un mundo que no me pertenecía.

Me crucé con unos ojos marrones
que cosieron mis cincuenta trozos y
lo vi todo mucho más claro.

Una vez estuve enamorada muy fuerte.
Una vez yo habría dado cualquier cosa
hasta que vinieron a matarnos,
tú no hiciste nada y yo
al ver la situación
me uní a los enemigos.

Después me quedé vacía
y ya no entendía nada.

Hasta ahora, que me quiero,
que beso al amor todos los días
me da cobijo
y promete no soltarme.

¿Quién puede fiarse?
Pero es eso justamente de lo que hablo:

yo le creo.


martes, 25 de noviembre de 2014

Si tú te caes, yo me rompo.

Hay que quererla mucho, no todo el mundo pierde su inocencia en un día con un puto golpe en el que además estalló en pedazos toda su vida,  y luego tiene los cojones de seguir adelante.

Joder, a veces se me olvida todo por lo que has pasado y soy dura contigo, pero es que no quiero que te puedan hacer ningún rasguño más.
Sé que eres fuerte y que siempre te recuperas pero es impulsivo que necesite hacer todo lo que esté en mi mano para evitarte otra cicatriz, me sale solo ese instinto de protegerte a toda costa.
Tengo la sensación de que cuando tu padre se fue dejó en mis manos el papel de cuidarte,
y me jode mucho no llegar nunca a su altura pero pongo todo mi empeño en ello.
Te quiero entera, te quiero fuerte, te quiero sonriendo y bailando por casa con ese punto de locura tan nuestro, te quiero dar mi fuerza y sangrar en tu lugar si a ti te hacen la herida. Te quiero mamá.


lunes, 17 de noviembre de 2014

Ven, que tengo mil canciones que enseñarte.

Ayer me volví a poner tu bata azul clarito, intente emular un abrazo tuyo pero no funcionó. Vuelve, te echamos mucho de menos.
Ya no tengo a quien cantarle la muñequita linda (siempre fuiste tú aquella delicada muñeca), ni la del sevillano de las siete hijas, ni la de Alfonso XII. El otro día me salió cantarla un poco en una sala de exposiciones con Samuel pero no se la sabía bien y le tuve que enseñar, como tú me enseñaste a mí.
Por un momento estuviste allí. ¿Estabas cantando con nosotros?

Vuelve, que necesito consejos sobre como cuidar a mamá, lo intento hacer lo mejor que puedo pero tú sabías mejor.
Vuelve y cuéntame.

¿Sabes una cosa? Ya tengo un trabajo, es de cocinera. Seguro que te habría gustado, a mí también, pero no es lo que quiero hacer siempre. Creo que nunca llegué a explicarte lo que quería estudiar... Ven, que me encantaría hacerlo, como cuando te enseñaba mis juguetes.

Mamá vuelve a vivir tu pérdida algunas noches y te echa mucho de menos, yo no sé cómo explicarle que todavía estás aquí.
 Ven, y hazlo tú.

Hemos vuelto a comprar yogures, ahora me han empezado a gustar.
Ven, y merendamos juntas.

Ahora tenemos un gatito. Con lo que te gustaban esos bichillos, ¡te encantaría este!
Mamá dice que si siguieras sentándote en tu sillón, él se pasaría las tardes acurrucado en tus piernas y yo creo que tiene razón. Es una pequeña joya a la que abandonaron.
Ven, que te le presento.

Te veo muchas veces, te quiero encontrar en cada guerrera pacífica con el pelo blanco que camina por la calle, pero el trono lo tenías solo tú.
Te veo cuando una madre y una hija están dando un paseo, o cuando voy al parque, o cuando cualquier abuelita se me cruza por la ciudad y siento el deseo de ir corriendo a abrazarla pensando que eres tú.

Este verano hice una amiga, estaba con Samuel sentada en un banco y quiso sentarse con nosotros,
nos contaba historias y yo quise pensar que os parecíais, también imaginaba las historias que tú nos contarías en su lugar.
Nos invitó a ir a su casa cuando quisiéramos, era amable como tú. Me gustaba pensar que podrías ser tú, y también quise abrazarla.

Vuelve, que te echamos de menos.
Ven, y tráete a Diego.
Ven, y cántanos la nueva canción de Moustaki que sólo puedes escuchar tú ahí arriba.
Ven, que necesitamos que nos protejas, que a vivir sin ti no se aprende.
Ven, y cuéntame la historia de tu fortaleza.

Ven, que sin ti sigo sin saber ser.

martes, 11 de noviembre de 2014

Sobre ti, sobre mí, sobre cuando la vida decide acariciarte.

Hace mucho tiempo que no me invade la rabia ni tengo que evadirme usando el bolígrafo y el papel como vía de escape de una lacerante realidad.
Hace mucho tiempo que no me tengo que quitar a tirones la cuerda que me anudaron al cuello de la única forma que sé: hostigando este teclado a ciegas con lágrimas en los ojos pero con mucho que sacar.
Y joder, qué sonrisa.
Hace mucho tiempo que no te echo de menos porque no me hace falta,
porque te encargas de estar presente en todo lo importante.
Hace mucho que no siento ni desconfianza, ni vacío, ni flaqueza porque me arriesgué a confiar en ti y siempre que lo necesito apareces, en cuanto ves mi llamada no tardas ni un segundo en llamarme a ver que pasa.

A veces las cosas si que pueden cambiar a mejor.
¿Quién nos lo iba a decir? A nosotros, pobres incrédulos que naufragamos en la cómoda afirmación de que es muy difícil que algo cambie a estas alturas. Pues bien, he tenido que esperar diecisiete años para volver a darte el abrazo que te di cuando tenía cuatro, y veintiuno para que nuestras sonrisas bailen juntas la misma canción.
¿Y sabes una cosa? He reducido todos tus errores a tres o cuatro cenizas mal tiradas (ya sabes lo buena que puedo llegar a ser en esto de incendiar amenazas), igual que a ti se te olvida contar si hay que hablar de los míos, y me quieres aún con esta pasión en la cabeza que a veces me puede más que cualquier otra cosa aunque tú con los años hayas optado por darle prioridad a la razón.

Los grandes cambios suceden así, sin que puedas darte cuenta de lo que está pasando hasta que todo ha cambiado y te quedas mirando el resultado, y esa es la suerte, nada cambia por arte de ingenuidad de un día para otro.

Algún día te devolveré todo lo que me has enseñado llevándote a flipar viendo las cataratas de Niágara, algún día iremos, te lo prometo.
Mientras tanto, gracias por esta filosofía de vida, por enseñarme a tener ganas de avanzar aunque a veces el éxito se muestre esquivo. Ese es el verdadero mérito, ser feliz es muy fácil cuando todo te va bien. Nosotros bailamos más allá.

Y ese mal pasado me importa una mierda si ahora vas a estar para abrazarme el presente.