lunes, 5 de mayo de 2014

A veces soy demasiado erizo.
Menos mal que hay gente que sabe como hacer que guarde los pinchos
y me hace entender que con ellos no hace falta autoprotegerme tanto.


Qué cómo estoy...

Llevo unos cuantos putos días acostándome con el blog de Pablo Benavente entre las manos, imagínate.
Con su "Déjame explicarme: equivocarme siempre ha estado entre mis planes. Era contigo con quién no contaba" rebotando empáticamente en mi cabeza.
Imagínate a Baudelaire borracho en un bar llorando por Jeanne Duval y buscando desesperadamente a Sarah la louchette en las calles más oscuras de París para follársela con rabia y seguir perdido en alcohol.
Imagínate a Rimbaud en el único minuto de su vida que lloró por Verline.
Imagínate a la mujer de Verline preparándoles el desayuno a la mañana siguiente de haberlos oído follar.
Llevo días leyendo a Pablo porque no sé cómo expresar que llevo meses perdida y que sigo sin encontrarme aunque a veces te encuentre a ti.
Que soy tan inconsciente de todo ahora mismo que probablemente esté cometiendo el mayor error de mi vida pero no estoy preparada para llorarte otra vez. No puedo arriesgarme para luego abandonar. No tengo ganas de luchar.
Probablemente no, seguro que la estoy cagando, pero he destrozado tantas cosas en mi vida que me invade una anestesia preparada para no sufrir más. Que toda la mierda que guardo es por algo, y es algo que no consigo superar del todo, pero a veces es bueno porque me advierte del peligro, aunque otras me convierta en esto, en un erizo que se cierra en banda y que no quiere saber más de corazones hechos pedazos.
Llámame cobarde, puede que lo sea, pero a ti no te han partido el corazón de trece maneras distintas.
Permíteme acabar mi whiskey, que ya me queda menos para encontrar a Sarah.

miércoles, 30 de abril de 2014

Hoy nos hemos reído, todos juntos, muy fuerte.
Algo que pensábamos que ya no volveríamos hacer después de aquel miércoles. Hoy nos hemos reído, y ha sido gracias a tus historias, ha sido gracias a ti, ha sido contigo.
Gracias Diego, siempre.

domingo, 27 de abril de 2014

Todo lo demás no importa, de repente todo se ha derruído.

Todavía no sé que decir de todo esto. Miércoles, han pasado cuatro días y sigo moviendo de un lado a otro la cabeza, negando, diciéndome que es imposible, que es mentira. Luego veo el dolor de tu hermana, de tus padres, veo a Álex y a Gonzalo derrumbados, veo a todo el mundo dando abrazos, palabras de consuelo, pañuelos, lágrimas, puñetazos, miradas perdidas, rabia... y toda la información sigue entrando por mis ojos pero mi cabeza me dice que no es real.
Veinte años, vuelve. Tienes que hacerlo, no dejo de pedírtelo, vuelve que estamos perdidos, vuelve y di algo, vuelve y míranos. Diego vuelve, que no te has ido.
Cuánto necesitamos en estos momentos una de tus ingeniosas frases, cuánto necesitamos que nos guíes.
Todo se hunde sin ti, no te haces una idea de toda la gente a la que has marcado. No sé expresar lo mucho que me alegro de que me hayas dejado tu huella.
Supongo que pedirte que vuelvas es una tontería porque no te has ido, ¿verdad? Sigues con nosotros aunque no te veamos, sigues encontrando Mercadonas cada vez que te pierdes, sigues hablando con Álex, sigues escuchando a Gonzalo, sigues poniendo cara extraña cada vez que me da un impulso y te abrazo, pero sigues devolviéndome el abrazo. Sigues aprendiendo de tus padres, sigues mirándolos, sigues cuidando de Anabel. Sigues.
Sigues porque estás más vivo que nunca en nosotros, porque todos hemos aprendido algo de ti, a todos nos has enseñado. Y en cada gesto de saber estar, de amabilidad y cordialidad sin fronteras, de cercanía y eterno respeto por todo que yo muestre, allí estarás, porque eso es sólo una pequeña parte de lo que me has enseñado, y ya está grabado en mí, como tú.
Eres un ejemplo de fortaleza, y ya te admiraba antes, pero ahora, con todas las historias que todos los que te quieren me están contando de ti, te admiro más, porque me sigues enseñando Diego, muchas gracias.

Me acuerdo del día en que me dejaste flipada cuando te pusiste a hablar con unos ingleses sobre la historia de Inglaterra y su división geográfica, a ellos también los impresionaste, te dijeron "tienes muchos conocimientos, casi nadie sabe eso", recuerdo que pensé de ti maravillas, pero no te lo dije, en lugar de eso me coloqué a tu lado para seguir escuchándote, aprender y no perderme nada.
Agradezco tanto a Álex que nos presentase.

Podría hablarte del 'Bang' y de los buenos ratos jugando, pero eso es algo que ya lleva tu marca y no hace falta dar muchas explicaciones de por qué. Ninguno de nosotros volverá a pensar en ese juego sin relacionarlo inmediatamente contigo. Cómo nos enganchaste a todos, cómo te emocionaba jugar, cómo te enfurruñabas cuando la gente no jugaba en serio.
Como me explicabas con paciencia lo que significaba cada carta incluso cuando ya me la habías explicado antes, y no me acordaba. Y como me decías cual era la mejor estrategia que podía hacer con mis cartas incluso aunque te perjudicase a ti. Otro gesto más de honra, honra y Diego, son palabras hermanadas por ti.

No te voy a olvidar Diego, no creo que nadie lo haga, cada vez que quedemos vas a estar, lo sé.
Cuídanos a todos, y ármate de paciencia porque cuando te vuelva a ver no te voy a soltar, te voy a dar el abrazo más grande del mundo y te voy a hacer cuarenta millones de preguntas.
Y todavía me debes una partida de Mario Kart, esa que hablamos el último domingo, no se me olvida, eh.
Te quiero.
Siempre con nosotros, siempre Diego.

viernes, 18 de abril de 2014

Criatura de la noche, bella bestia, hombre lobo entre la niebla. Poeta borracho, torturado, humanista y guerrero. En tus ojos un niño. Deambulas entre la bruma pero arrojas luz en mi desorden.
No lo dices pero me quieres, lo sé porque me cuidas. Escribes cartas que luego no envías. Hombre lobo, poeta de antro báilale a la luna y aúlla conmigo esta canción. Piérdeme entre los bosques, no me busques. Estoy contigo.

domingo, 23 de marzo de 2014

Su historia

Su historia no es una de esas que salen en los libros
su historia no es una de esas que se ven en las películas,
su historia.
Su historia está cargada de cagadas y resentimiento
de mentiras afiladas y de comentarios hirientes.
Su historia
yo nací de esa historia.
Su historia son unas vacaciones de 15 días en una piscina de Benalmádena
visitar la Alhambra con los niños a hombros
montar en familia el árbol de Navidad
(siempre el padre pone la estrella).
Un paseo por la playa en la noche de Benidorm
el viento de Torremolinos poniéndolos morenos
celebrando que la niña cumple cuatro años con una mochila de los 101 dálmatas como regalo.
Su historia eran risas y canutos
conciertos de Moustaki y lecturas de Nietzsche.
Viajes en autoestop hasta Barcelona
para verla a escondidas de su hermano.
400 cartas a un soldado que hacía la mili en Canarias.
500 mujeres y hombres entrometidos que acabaron por ganar a esas cartas.
Su historia es el castillo de protección oficial  más bonito jamás construido
enterrado por el magma ensangrentado de una erupción pliniana.
Es hacer oídos sordos a las bocas que intentaban destruirlos
y seguir desafiando a la gente con sus sonrisas y su tele nueva.
Su historia es una señora gorda acostándose con mi padre y enamorándose de él cuando yo estaba a punto de nacer.
Su historia es mi madre en Praga con cualquier hijo de puta con los ojos azules que sólo busca sexo sucio en una habitación de un hotel impecable.
Su historia.
La pasión y la rabia de los añicos de una vajilla contra la pared mientras te grito
pero quédate, y abrázame, que si me pides perdón haré como que no ha pasado nada.
El "¿por qué me has engañado?"
El "ésto es lo que hay"
El "me quedo porque tengo miedo"
El "si te vas te separo de los niños y te destrozo la vida"
El "perdona, quédate"
El "no, lo siento, ya es tarde".
"Venga, te abrazo e intentamos seguir."


"Me has destrozado la vida, llevo la cogorza del siglo, es nochevieja y estoy llorando por ti"
El espejo de la entrada roto por un puñetazo,
la cena lista avisando en el horno
pero no huele a Navidad.
La mano llena de cortes que duelen menos que la rabia con la que se dio el golpe
El "he sentido miedo, ahora si que me voy"
"Vete a la cama, la niña está llorando en el baño y el niño ha preferido salir de fiesta y no ver nada"

Más gritos, más llanto, "por fin se ha dormido".

El "lo siento, la cagué" de la mañana siguiente.
El "yo lo siento más, pero ahora sí que me voy" como respuesta.

"Te voy a joder la vida."

Depresiones,
ganas de morir,
falta de fuerza y de dinero.

Una pequeña luz,
cada uno por su lado,
nuevos caminos
viejos recuerdos cuando se ven
sonrisas y algunas lágrimas a escondidas.


Explicaciones años mas tarde:
"Sara, tu madre es la única mujer a la que yo he podido querer en la vida
y yo he sido el único para ella también, sino pregúntate "¿Por qué nunca está contenta con el novio de turno que tiene?"
"Si pudiéramos volver a empezar..."

Lo que más me jode de todo esto es que todavía se quieren
pero no se salen a buscar.


Estos son algunos de mis escombros
éstos son mis restos.
Seguro que no es lo que esperabas pero por lo menos,
ahora dejarás de darme el coñazo con la preguntita de
"¿Por qué odias la navidad?"



Te rompí el corazón cuatro veces,
lo que no sabías, es que cada vez que te lo rompía
me arrancaba el mío y te lo daba.
Pero no te diste cuenta, o no quisiste darte por ganado.
Y cada uno tuvo lo que no se merecía.
Un corazón arrancado, otro perdido
y los dos rotos.
Pero no pasa nada,
hay otra manera de verlo,
como dijo alguien:
ahora tocamos todos a más.