martes, 10 de septiembre de 2013

Carta al pasado:

Pasado mío:
Comprende que me muestre reticente contigo.
Me forjé en ti, pero permitiste que me rompieran una y otra vez.
Pasado mío,
eres mío, y por eso no te odio, pero ¿cómo enfrentarnos?
Eres la reunión de todos mis puntos débiles, y también el que me enseñó que no puedo ser vencida fácilmente.
Nuestra relación está impregnada de muerte, luz, desgracias e inocencia y esto no nos ayuda.
Se supone que para que ahora esté sana, tenemos que llevarnos bien. Bueno, en ello estoy, intento aprender, me voy enseñando.
Pasado mío,
es absurdo que sigas intentando matarme. ¿No ves que ya soy inmune?
Sé que te cansarás de probarme, mientras tanto, yo estoy dispuesta a enfrentarme a la palestra las veces que haga falta, para no morir.
No me vas a herir, porque ya me has dolido mucho y me he saturado de ti y de tu mierda. Inténtalo lo que quieras. No me vas a doler. Puede que me dejes desubicada y confusa, pero no vas a acabar conmigo.

Papá.

Hola, ¿Cómo estás?
Tú sigues ausente y yo sigo echándote la culpa de todo.
Y te seguiré culpando, incluso de que se me caiga un lápiz al suelo, hasta el día que decidas aparecer para defender tu inocencia.

viernes, 16 de agosto de 2013

¿Qué quieres que te diga?
Sin ese fuego,
no sé ser.
Puedo llevarte a obras de teatro
y recitales de poesía.
O ser una loca del coño
que te trae cervezas,
mientras baila todas las canciones del verano,
y algún que otro tango de Gardel.

Puedo bajar al infierno,
pelearme con tus demonios
y volver invicta,
sólo porque ha sido por ti.

Una señora en la calle y una poeta en la cama.
Puedo esperarte y ser Penélope,
o lanzarme a la batalla disfrazada de soldado,
y que arda la ciudad.
Ésto último es lo que me va más.

Puedo hablar a escondidas con tus miedos
y hacer que desaparezcan
a base de caricias.

Incluso hacer que Pegaso perdone
la soberbia de Belerofonte.

Recorrerte con besos
a paso de tortuga,
o hacer que se te ponga el corazón
a mil por hora.

Someterme a la crítica.
Inventarme un final para la historia interminable.

Yo que sé,
construirte un castillo deforme
con la arena de todas las playas del sur.

Lo que no puedo hacer,
calmar la tormenta de mi boca.
Asesinar lo que llevo deseando
desde que sé que quiero esto.
No puedo.
Si me pides eso,
no me quedará nada

Y no seré yo.

jueves, 15 de agosto de 2013

Fuimos dos guerreros autónomos
encontrados y unidos ante el mundo.
Ordenábamos el caos quitándonos la ropa,
y así todas las preguntas del mundo dejaban de importar.
Cerrábamos heridas con sólo tocarnos.
Construimos el mundo de cero como si la historia no contase,
y así solíamos conseguir que el pasado no doliera.
Me abrazabas y al mal no le quedaba mas remedio que rendirse.
Cada vez que pronunciaba tu nombre
el cansancio y la desgana se daban la vuelta.

Y así teníamos que haber seguido,
desafiándolo todo.

Pero dejamos de bailar en mitad de la calle,
ya no despegábamos a correr sin motivo.
El silencio fue ganando terreno.
Nos volvimos la víspera de todo y la llegada de nada.
Estrellamos nuestros cuerpos contra la mediocridad.
Le dimos la razón al tedio sin esfuerzo.
Matamos a los besos
y cuando deja de haber besos,
las primeras heridas empiezan a aparecer.

Pudimos ser épicos, estuvimos cerca.
Pero nos convertimos en los asesinos de la primavera.

Nuestra historia nunca fue triste,
lo triste fue dejarla morir.

martes, 25 de junio de 2013

Parece que lleves la tristeza impresa en tu alma, y no te queden más folios para imprimir un paisaje soleado.

Lo único que me haría feliz en estos momentos sería poder cantar la canción más triste del mundo. (Menuda paradoja esta).
Quizás sea porque en ella encontraría algo con lo que sentirme identificada, y eso me haría feliz, ya que no puedo contar a nadie por medio de una conversación tradicional esto que me pasa. Porque sería como un veneno rápido y oscuro corriendo por sus venas, no creo que lo resistiese, lo transformaría en otra persona o lo mataría.
A mí me ha dejado atolondrada, como si yo no estuviera en mí. Todos los planes que tenía, a los que creía que me acercaba, se los ha llevado a un lugar lejano, "la conchinchina", por decir algo.
Un lugar perdido del que no existe ni mapa. Un lugar al que tienes que encontrar si quieres volver a ser feliz. Puede que sea lo que algunos llaman, "el sentido de la vida". Sí, pues el sentido de mi vida (o la mayor parte de él) se lo han llevado a la conchinchina.
No me queda otra parece ser.
Estoy apañada.
Bien, intentemos empezar a buscar pues.

martes, 4 de junio de 2013

La espiral del silencio. La agresión pública y silenciosamente tolerada:

"La espiral o conspiración del silencio es el proceso por el cual la no intervención y el silencio de los observadores de agresiones, son interpretados como una señal de conformidad."
De modo que lo que es sólo la opinión de una parte, llega a ser considerado como una manifestación de aceptación generalizada. Esta situación cuando se produce de forma constante, hace más difícil la expresión de posiciones contrarias a este tipo de acciones, y en este sentido promueve la violencia:
La víctima pierde la esperanza de encontrar apoyo y defenderse de tal trato, los agresores persisten en su conducta y los observadores van desarrollando estrategias de afrontamiento que pasan por evitar verse comprometidos (evitan el contacto con la víctima, hablar de lo ocurrido) y por dar señales pasivas o activas de simpatía hacia los agresores (participan con normalidad en actividades con ellos, justifican sus acciones minimizando la gravedad de lo ocurrido.)
Y esto es terrible para la sociedad chicos, quedarnos mirando pasivamente ante una injusticia es casi tan grave como cometerla. Empeoramos la situación si la aceptamos y no reaccionamos contra ella.
Con esto quiero decir: que no tengáis miedo. Sed más humanos, implicaos. Este es un principio que se está perdiendo y escasea.. Porque es más fácil no hacer nada. Pero no, no es lo correcto.

-"La única forma de que el mal se apodere del mundo, es que las buenas personas no hagan nada."


lunes, 11 de marzo de 2013

Crisis de existencia un día del padre de algún año de estos:

Todos tenemos nuestro monstruo del armario, una infancia mal curada que nos deja huella.
Unos cimientos mal puestos que hacen que nos desmoronemos cada poco, que no seamos lo suficientemente fuertes, que no tengamos anticuerpos.
No juzgo a nadie nunca, porque sé lo que duele ser juzgado gratuitamente, sin conocer los hechos.
Hay que aprender a desprenderse de los miedos, a no vivir por nadie. A caminar esquivando las piedras que nos lanza el destino, y si alguna nos da, a ponerle agua oxigenada a la herida, y seguir caminando. Y no lo que hacemos normalmente, que nos dedicamos a hundirnos en el dolor que nos produce ese golpe, a observar la herida y a lamentarnos.
Para todos aquellos, que crecieron sin cimientos, que les faltó un padre, una madre o su cariño: Si hemos llegado hasta aquí, podemos llegar a cualquier lado, somos más fuertes de lo que nos creemos, pero tenemos que demostrárnoslo sólo a nosotros mismos.

Te falta un cimiento, y eres más débil que el resto por ello ¿y qué?
Nadie ha dicho que no podamos cambiar las reglas del juego, y construir nosotros mismos ese cimiento que no nos dieron. 

Y, si conseguimos con todas estas dificultades que nos ha dado la vida, salir adelante, y ser felices,   seremos mucho mejores que otras personas que consiguen lo mismo con más facilidades.